THE BLIND SIDE (2009)
Dirección: John Lee Hancock
Guión: John Lee Hancock (basado en la novela “The blind side: Evolution of a Game de Michael Lewis)
Intérpretes: Sandra Bullock, Quinton Aaron, Tim McGraw, Jae Head, Kathy Bates
Fotografía: Alar Kivilo
Música: Carter Burwell
Duración: 128 min.
Cuando un film arrastra consigo el marchamo de: “Basada / inspirada en hechos reales” y encima tiene nacionalidad estadounidense, el riesgo de hallarnos ante un producto pobre y facilón en contenido y forma es muy elevado. Si, además, las intenciones de dicho producto son ejemplarizantes, el peligro de encontrarnos con un indigesto desfile de tópicos dramáticos sin orden ni concierto es aún mayor. Habitualmente, a una película que responde a semejante zafia elementalidad se le cuelga injustamente la etiqueta de “telefilm” cuando en realidad esa grosera simpleza no es patrimonio del medio televisivo. No en vano desde hace algunas décadas muchos de los guiones que se hacen para ese medio rozan la excelencia y la factura con la que mayoritariamente se cuidan sus conversiones en imágenes poseen un nivel de calidad mayúsculo. Es cierto que la televisión se ha nutrido y se nutre en demasía de obras de calidad ínfima abocadas a un público poco exigente que sólo piden disfrutar de emociones básicas y saciar un cierto morbo consumiendo trágicas historias de superación personal a la hora de la sobremesa, pero éso sería tomar la parte por el todo y obviar la altura a la que brilla mucha de la ficción televisiva actual.
“The blind side” desarrolla a lo largo de sus dos horas de metraje todos y cada uno de los tópicos que encierra la dramatización de “una historia real”, en este caso la de Michael Oher (Quinton Aaron) famoso defensa afroamericano de fútbol americano rescatado (y posteriormente adoptado) de su desesperanzador entorno social en su adolescencia por los Touhys una acomodada familia de bienpensantes republicanos quienes con su ayuda y apoyo, afectivo y económico, abrirán nuevos horizontes en su vida (entre ellos los del deporte y el de la universidad). Este resumen argumental, aunado al hecho de que la cabecera de cartel del film es Sandra Bullock (una de las más irritantes “reinas de la comedia” salida de la factoría hollywoodiense), es para echarse a temblar y a nadie puede culparse si el recelo y los prejuicios pesan más y ganan la partida en el ánimo del público en el momento de decidirse a ver o no la película. Sin embargo, hete aquí sorpresa entre las sorpresas, “The blind side” hace de sí misma un monumento a cómo lo trillado y lo previsible de una edificante fábula del soñado “american way of life” puede convertirse en un puntillista cuadro cinematográfico cuajado de inteligencia, sensibilidad y buen gusto. Máximos responsables de este insólito resultado son: John Lee Hancock, su director y guionista, y un repertorio de buenas interpretaciones capitaneado por una asombrosa y magnífica Sandra Bullock. La escritura de “The blind side” y la planificación visual que de ella hace John Lee Hancock es de una pudorosa contención dignas de los más encencidos elogios. La sagacidad que exhibe al trenzar cada tópico inherente al esquema argumental del film sin tomar jamás el derrotero de lo lo enfático, resulta notabilisíma. Habilidad que demuestra por ejemplo al rematar en plano general o medio algunas de las secuencias más emotivas de la película o sencillamente cortando en el momento justo aquellos momentos aventuradamente cercanos a lo lacrimógeno. Una acabada muestra de lo apuntado lo constituye el último abrazo que en el film se dan Quinton Aaron y Sandra Bullock del que nos roba el contraplano de esta última dado que el espectador adivina perfectamente la emoción que debe embargar el rostro de Bullock sin necesidad de John Lee Hancock se recree en ella.
El trabajo de Sandra Bullock en “The blind side” merece párrafo aparte porque, aunque ya había apuntado un prometedor registro dramático en títulos como “En el amor y en la guerra” (1996), “Crash” (2004) o “Infamous” (2006), el grueso de su carrera como actriz cómica está plagada no sólo de títulos mediocres sino sobre todo de interpretaciones sonrojantes cuando no ridículas. La composición que hace de la oxigenada matriarca republicana sureña de clase alta cuyos temperamento y modos de acero enmascaran la hondura de una bondad absolutamente innata, destila una autoridad actoral de proporciones gigantescas. La intérprete se aleja de cualquier tentativa de caricaturización del personaje al igual que frena toda posibilidad de dulcificarlo y se entrega con maestra eficiencia y mucho corazón al que indudablemente será recordado como el rol más importante de su filmografía.
Gracias a “The blind side” descubrimos que aún en el seno de los tópicos y de las denominadas peyorativamente “historias humanas” puede existir un ángulo muerto (o blind side) por el que les es dado colarse inspiradoras piezas de buen cine para albergar en el recuerdo.
Dirección: John Lee Hancock
Guión: John Lee Hancock (basado en la novela “The blind side: Evolution of a Game de Michael Lewis)
Intérpretes: Sandra Bullock, Quinton Aaron, Tim McGraw, Jae Head, Kathy Bates
Fotografía: Alar Kivilo
Música: Carter Burwell
Duración: 128 min.
Cuando un film arrastra consigo el marchamo de: “Basada / inspirada en hechos reales” y encima tiene nacionalidad estadounidense, el riesgo de hallarnos ante un producto pobre y facilón en contenido y forma es muy elevado. Si, además, las intenciones de dicho producto son ejemplarizantes, el peligro de encontrarnos con un indigesto desfile de tópicos dramáticos sin orden ni concierto es aún mayor. Habitualmente, a una película que responde a semejante zafia elementalidad se le cuelga injustamente la etiqueta de “telefilm” cuando en realidad esa grosera simpleza no es patrimonio del medio televisivo. No en vano desde hace algunas décadas muchos de los guiones que se hacen para ese medio rozan la excelencia y la factura con la que mayoritariamente se cuidan sus conversiones en imágenes poseen un nivel de calidad mayúsculo. Es cierto que la televisión se ha nutrido y se nutre en demasía de obras de calidad ínfima abocadas a un público poco exigente que sólo piden disfrutar de emociones básicas y saciar un cierto morbo consumiendo trágicas historias de superación personal a la hora de la sobremesa, pero éso sería tomar la parte por el todo y obviar la altura a la que brilla mucha de la ficción televisiva actual.
“The blind side” desarrolla a lo largo de sus dos horas de metraje todos y cada uno de los tópicos que encierra la dramatización de “una historia real”, en este caso la de Michael Oher (Quinton Aaron) famoso defensa afroamericano de fútbol americano rescatado (y posteriormente adoptado) de su desesperanzador entorno social en su adolescencia por los Touhys una acomodada familia de bienpensantes republicanos quienes con su ayuda y apoyo, afectivo y económico, abrirán nuevos horizontes en su vida (entre ellos los del deporte y el de la universidad). Este resumen argumental, aunado al hecho de que la cabecera de cartel del film es Sandra Bullock (una de las más irritantes “reinas de la comedia” salida de la factoría hollywoodiense), es para echarse a temblar y a nadie puede culparse si el recelo y los prejuicios pesan más y ganan la partida en el ánimo del público en el momento de decidirse a ver o no la película. Sin embargo, hete aquí sorpresa entre las sorpresas, “The blind side” hace de sí misma un monumento a cómo lo trillado y lo previsible de una edificante fábula del soñado “american way of life” puede convertirse en un puntillista cuadro cinematográfico cuajado de inteligencia, sensibilidad y buen gusto. Máximos responsables de este insólito resultado son: John Lee Hancock, su director y guionista, y un repertorio de buenas interpretaciones capitaneado por una asombrosa y magnífica Sandra Bullock. La escritura de “The blind side” y la planificación visual que de ella hace John Lee Hancock es de una pudorosa contención dignas de los más encencidos elogios. La sagacidad que exhibe al trenzar cada tópico inherente al esquema argumental del film sin tomar jamás el derrotero de lo lo enfático, resulta notabilisíma. Habilidad que demuestra por ejemplo al rematar en plano general o medio algunas de las secuencias más emotivas de la película o sencillamente cortando en el momento justo aquellos momentos aventuradamente cercanos a lo lacrimógeno. Una acabada muestra de lo apuntado lo constituye el último abrazo que en el film se dan Quinton Aaron y Sandra Bullock del que nos roba el contraplano de esta última dado que el espectador adivina perfectamente la emoción que debe embargar el rostro de Bullock sin necesidad de John Lee Hancock se recree en ella.
El trabajo de Sandra Bullock en “The blind side” merece párrafo aparte porque, aunque ya había apuntado un prometedor registro dramático en títulos como “En el amor y en la guerra” (1996), “Crash” (2004) o “Infamous” (2006), el grueso de su carrera como actriz cómica está plagada no sólo de títulos mediocres sino sobre todo de interpretaciones sonrojantes cuando no ridículas. La composición que hace de la oxigenada matriarca republicana sureña de clase alta cuyos temperamento y modos de acero enmascaran la hondura de una bondad absolutamente innata, destila una autoridad actoral de proporciones gigantescas. La intérprete se aleja de cualquier tentativa de caricaturización del personaje al igual que frena toda posibilidad de dulcificarlo y se entrega con maestra eficiencia y mucho corazón al que indudablemente será recordado como el rol más importante de su filmografía.
Gracias a “The blind side” descubrimos que aún en el seno de los tópicos y de las denominadas peyorativamente “historias humanas” puede existir un ángulo muerto (o blind side) por el que les es dado colarse inspiradoras piezas de buen cine para albergar en el recuerdo.

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